SIDA y VIH

¿Qué son el SIDA y el VIH?

SIDA es la palabra, un acrónimo, que designa al Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. Es un trastorno de la inmunidad celular, caracterizado por infecciones oportunistas (se llaman así las infecciones que se producen cuando las defensas del paciente están bajas), alteraciones neurológicas y una variada gama de otros procesos patológicos.

VIH es la sigla con la cual se conoce al virus responsable del SIDA, que significa Virus de la Inmunodeficiencia Humana. La infección por VIH, en su período final, es el SIDA.

La sigla VIH designa a dos virus distintos, pero muy relacionados entre sí, el VIH-1 y el VIH-2, pertenecientes al grupo de los retrovirus. Ambos producen SIDA.

El grupo de los retrovirus es responsable de diversas enfermedades, como tumores linfáticos y enfermedades neurológicas.

El VIH-1 es el retrovirus que ha tenido mayor impacto médico y social. Fue identificado en 1984 y es el responsable de la epidemia de SIDA.

¿Cómo se transmite el VIH?

La transmisión del VIH requiere del contacto con plasma o líquidos corporales que contengan células infectadas. El VIH puede encontrarse presente en todo líquido o exudado que tenga plasma o linfocitos, en la sangre, semen, secreciones vaginales, leche, saliva o secreciones de heridas. Sin embargo, el contagio por saliva o gotitas de estornudo o tos es extremadamente raro. Las formas más comunes de contagio son el compartir agujas contaminadas y las relaciones sexuales. Las relaciones sexuales que no impliquen la exposición a líquidos orgánicos son consideradas seguras.

Las células infectadas o los virus pueden transmitirse por una transfusión de sangre con VIH, una inyección accidental o por exposición de mucosas (por ejemplo, en relaciones sexuales). Una persona que padezca otra enfermedad, como sífilis, tricomoniasis, herpes y posiblemente otras enfermedades de transmisión sexual, será más sensible, ante la exposición al VIH, a contraer la infección que una persona sana.

La realización de tests de VIH en la sangre que se va a transfundir reduce de modo manifiesto el riesgo de contagio, pero es posible que la sangre de alguien recientemente infectado con VIH arroje resultados negativos y pueda transmitir la enfermedad. Este lapso en el cual las pruebas de laboratorio son negativas, pero la sangre está infectada, se conoce como "período de ventana".

Se denomina portador VIH a quien tiene el virus en su organismo, pero no presenta síntomas de la enfermedad; en cambio, si los presenta, se dice que esa persona es sidótica o que tiene SIDA.

¿En qué consiste la enfermedad por VIH?

El VIH, como todos los retrovirus, posee una enzima, llamada transcriptasa reversa, que convierte el ARN viral en una copia del ADN proviral. Este se integra en el ADN de la célula huésped del ser humano. De esta manera, cuando la célula se divide, estos provirus son duplicados por los genes normales de la célula y trasmitidos a toda la progenie de células derivadas. Así, el ADN proviral se transcribe en ARN, que produce cientos de copias del virus.

Las células infectadas por el VIH son los linfocitos T4 y otras células no linfoideas. Aclaremos que los linfocitos son un tipo especial de glóbulos blancos. La función de los glóbulos blancos es atacar a los gérmenes patógenos que habitualmente entran en contacto con el organismo. Como efecto de la infección por VIH, se reduce la cantidad de linfocitos T4 circulantes en la sangre. Por ello, cuando el SIDA se manifiesta, existe facilidad para adquirir infecciones.

Epidemiología de la infección por VIH

El VIH-1 es el responsable de la mayoría de los casos de SIDA en América, Europa, Asia y África Central, del Sur y Oriental. El VIH-2 es el principal agente del SIDA en África Occidental.

La enfermedad fue reconocida por primera vez en 1981, en California. A fines de 1999, había en el mundo 34.300.000 de personas con VIH o SIDA, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

El 95% de las personas portadoras de VIH viven en países en desarrollo.

Síntomas y signos de la enfermedad

El VIH produce una cantidad muy variada de síntomas y signos, que son similares a los de otras enfermedades. Luego de un mes del contagio, algunos enfermos presentan el llamado síndrome retroviral agudo o infección primaria por VIH, con fiebre, malestar general, erupciones cutáneas, dolores articulares y linfadenopatía generalizada (aparición de ganglios en distintas partes del cuerpo). Este estado dura de 3 a 14 días, y el paciente todavía no es seropositivo, es decir que los análisis de sangre no detectan la infección por VIH. Dentro de los 3 días de la infección primaria, el VIH se hace detectable en sangre. Con cierta frecuencia, este estado es confundido con una infección respiratoria o con mononucleosis. Algunos enfermos continúan presentando la linfadenopatía y, a veces, síntomas inespecíficos que no hacen pensar en VIH, como fatiga, diarrea y fiebre.

Los síntomas propios del SIDA son diversos:

  1. Neurológicos: son comunes y pueden ser los primeros en aparecer. Pueden deberse al VIH en sí mismo o a infecciones oportunistas, tumores o complicaciones vasculares. Incluyen meningitis, trastornos de los nervios periféricos y del cerebro, convulsiones y trastornos motores y de la sensibilidad. También pueden presentarse trastornos intelectuales que lleven a la demencia.
  2. Hematológicos: ciertos enfermos presentan anemia y trombocitopenia, que es la disminución de las plaquetas de la sangre, necesarias para el proceso normal de coagulación.
  3. Síntomas digestivos: dolor abdominal, náuseas, vómitos y diarrea. Infecciones oportunistas y tumores. En la boca y en la garganta pueden aparecer micosis, un tumor conocido como sarcoma de Kaposi, linfomas, herpes y aftas. Los vómitos y la diarrea contribuyen al adelgazamiento de los sidóticos. El sarcoma de Kaposi es un tumor de origen viral (un virus distinto del VIH), que puede asentarse en piel, ganglios linfáticos y órganos internos. Es una enfermedad rara en quienes no padecen infección por VIH, pero en las personas infectadas su frecuencia es mucho más alta.
  4. Síntomas dermatológicos: en todas las etapas de la enfermedad pueden aparecer síntomas en la piel. En la infección primaria, suelen presentarse erupciones y úlceras genitales. En estado más avanzado, puede manifestarse un herpes zoster y el sarcoma de Kaposi.
  5. Síntomas bucales: además de los ya mencionados, puede presentarse enfermedad periodontal (de las encías) con sangrado, tumefacciones y pérdida de dientes.
  6. Síntomas pulmonares: la infección pulmonar más frecuente en los pacientes con SIDA es la tuberculosis. También se presentan infecciones oportunistas, sarcoma de Kaposi y linfomas.
  7. Síntomas en mujeres: suele presentarse una micosis vaginal rebelde al tratamiento y en aumento del riesgo de tumores del cuello uterino.
  8. Síntomas cardíacos: puede presentarse endocarditis y miocardiopatía (enfermedad del músculo cardíaco), con insuficiencia cardíaca congestiva.
  9. Síntomas renales: aunque es raro, puede presentarse insuficiencia renal.

Diagnóstico de laboratorio

  1. Tests: el test ELISA para VIH puede ser positivo. Si es negativo, debe repetirse a los tres meses.
  2. Recuento de leucocitos T4: puede ser bajo y mostrar la supresión del sistema inmunitario.
  3. Recuento y fórmula leucocitaria: pueden presentarse anormalidades, aunque no establecen diagnóstico.

Tratamiento

Existe el tratamiento de la infección VIH, que debe ser indicado por el médico. Además, las complicaciones y las infecciones oportunistas de la enfermedad deben ser tratadas, también por el médico, según las características de cada caso.